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Herman Viene De Hermano, Herman O. Es Hermano (I Parte)

Publié le 1er décembre 2007, par : Carlos Fajardo G.

Emergiendo de la oscuridad con un reflector encima entre el corredor que divide el escenario bajo del Teatro Municipal, Herman Olivera “El Sonero del Siglo XXI”, subió trotando a la tarima, enardeciendo de manera instantánea al respetable caleño. De inmediato y con su sola presencia despegó del asiento a todos los asistentes, quienes lo recibieron como se merecía : de pié y con un aplauso sinceramente estruendoso.

Y es que al parecer resultó increíble para el sentimiento colectivo apreciar allí al sonero vestido de pies a cabeza de blanco, desde los mocasines hasta el sombrero. Con una pinta como de gangster blanco de la Salsa, como un bacán inmaculado del soneo. Y el fuerte chorro de luz encima para iluminar toda aquella luminaria humana abajo. Mostrando su franca sonrisa permanente, exhibiendo la particular postura de los labios al vocalizar, enseñando la mirada fija y como extraviada en el pronter imaginario que, de seguro, le da todo sentido a su existencia.

Apartir de ese momento la figura no cantó de manera convencional en la tarima, sino que lo hizo sobre la extensión frontal construida que se encuentra con el corredor antes mencionado. Literalmente, cantó encima de la gente.

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Herman Olivera en una discoteca en Cali

Abrió el espectáculo con “Qué Humanidad”, dando paso inmediato a su interminable y prodigioso verbo, hilando en simultanea varias otras letras, y danzando con su impredecible cadencia y alegría. Con la expresión innata del showman. Y es que en Herman la actuación se centra incluso en el manejo del cable y del micrófono. De aquel dice y se refiere como a su mejor amigo, lo cual equivale a la confesión de un pintor por su pincel, o a la de un escultor por la arcilla.

Atrás, la banda de diez músicos, y Yova Rodríguez marcando el paso con su cadencia boricua y aportando el pulmón puertorriqueño con una imponente presencia en escena. Luego materializando toda su cordialidad y discreción, al colocar por sorpresa como capa la bandera colombiana en los lomos de “El Sonero del Siglo XXI”. Fue así como Herman empezó a recorrer todo el camino portentoso de su inspiración, portentoso porque es sencillamente impresionante, inspiración porque no pierde clave ni fantasía lírica. Lírica popular con su tono inconfundible, dale pa’lla, que lo convierte también en El Mensajero de la Música Latina, - y como el mismo se autodefine mientras versa -, en “. . . un boricua de corazón universal”.

Ostentando la bandera colombiana de poncho, la cual devolvió luego con una venia muy respetuosa, entonó “Valle Plateado de Salsa”, homenajeando al compositor Víctor Sánchez “Patillas”, presente en el escenario, tema que es un regalo de Herman Olivera para Cali desde hace 17 años, cuando se grabó Salsa Sudada en 1990.

Era de esperarse que empezaran a tronar las voces espontáneas solicitando diversos temas del amplio repertorio de cerca de treinta y tres años. Entonces en el breve intervalo, sonriente les respondió : “Bueno, y si quieren nos quedamos aquí hasta que amanezca, y después toda una semana, yo no tengo limite...”. Y es que, desde luego, no hay genios con linderos, más allá de los que impongan la carne y el hueso.

Avanzando, aterrizó sentado en pleno escalón aquel bolerazo que se sumerge en la nostalgia del retrato de mamá, las manos gesticulando la inspiración de Felipe Pirela y la interpretación de Héctor Lavoe. Y de ahí en adelante se disparó en medio de la noche caleña con éxitos como “Otra Oportunidad”, “Xiomara”, “Pueblo Latino”, “Tirándote Flores”, “Ajiaco Caliente”, intercalados con canciones por primera vez interpretadas en vivo en toda su carrera, como “Te vi Pasar” y “Tú me Perteneces”. Puesto que no ahorró esfuerzo alguno para dejar en claro que se sentía ante el reto de cantar ante un público muy exigente, y como lo repitió varias veces, “...en La Meca de la Salsa”.

Honroso título después de todo su periplo mundial y sus más recientes presentaciones en Israel y Hungría, habiendo ofrecido para Cali más que un gran concierto, un recital o una audición de entero corte internacional. En la cual hay que anotar un éxito rotundo por parte de la orquesta local conformada por Richie Valdés, que cerró la presentación del Herman Olivera con “Palo Pa’rumba”, dejando sobre el tablado toda claridad sobre el talento de los músicos y su preparación.

En algún momento y ante el accidente inesperado por tanto movimiento, “El Sonero del Siglo XXI” debió anotar ante el micrófono y para sí mismo : “Se te cayó el botón, Herman, ciérrate el saco”. El niche caleño en las primeras filas logró recuperarlo de la oscuridad, y con la mano extendida se lo ofreció de nuevo al cantante. La respuesta del artista arrancó entonces un nuevo aplauso por parte de los espectadores, al hacer alusión a su primera visita a Colombia y a la Sultana del Valle : “Quédatelo de recuerdo, que ese botón vale mucho. . . . . .”.

Lo cual resulta cierto. En casi la centuria de funcionamiento del Teatro Municipal de Cali, desde los tiempos de los espectáculos de Verdi y Flaherty, y bajo las mismas pinturas de Efraím Martínez, habrá de consignarse la fraternal presencia de Herman Olivera, acompañado por Yova Rodríguez. Fraternal porque después de su generosa entrega se puede asegurar que Herman viene de la palabra Hermano. E igual confirmar que decir Herman O. no es otra cosa que decir Hermano. Con él anoche continuaron soplando vientos de Salsa en Cali. (Váyale Fabián).