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Cuentos en Salsa IV

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Publié le 1er avril 2011, par : Carlos Fajardo G.

ANACAGONA

Tenía que ser justo el día de la noticia sobre la muerte de mi perro. El muy loco perro, con la mirada extrañamente extraviada desde el día que lo observé por primera vez. Como si viniese a buscar entre los pastizales la locura de los canes, y no precisamente sus orines. Así fue siempre, un loco perro.

Al tomar el Blanco y Negro la tarde empezó a deshacerse por poquitos en lluvia, el marco gris de la ventana no dejaba más opción que figurarse la misma película del accidente, y la carrera del chofer se embaló con la carrera que llevaba por llegar temprano a la cita en aquella casa que nunca encuentro en su lugar, como si se moviera, llegar a tiempo a la cita para lo de los Cds de Salsa pa’los pelados. Pelados de Cali, que ya es mucho decir.

Suena el teléfono que desde hace poco me persigue todo el tiempo, suena la radio del borrador aquel con cuatro llantas dobles, suena la música en la cabeza, tanto compromiso con tan poca plata, con tan poco tiempo, con tan poco de todo. Porque resulta que es importante regalarle música a los sardinos ya que quizá es la mejor manera, tempranera, de colocarlos al lado del arte.

Tenía que ser justo el día de la noticia sobre al muerte de mi perro. Al llegar al paradero de destino caminé por todo el medio de las goticas ágiles que saltaban sobre la cabeza de los pocos transeúntes. Delante de mi avanzaba una negra de varios pies, cargando una morochita mientras que el hermanito hacia de las suyas por el caminillo asfaltado. Al cruzarlos la mujer me miró con cierta sorpresa por la velocidad del paso, si supiera que talvez dos de los famosos Cds serán para su morochita y para su morochito, al imaginarme a Dios no puedo evitar imaginarme una pinta vestida de varios colores.

Al llegar, la casa esta vez solo se había movido un par de fachadas hacia la panadería. Ding dong ..., ¿son las cosas del amor ?. Del amor aquel por la música. Café en leche y sanduches de entrada, cuando salimos de nuevo a fumar en el antejardín, el man de la parabólica, igualitico a Romario, nos echó todo el cuento de la competencia desleal y el mal servicio, aguanté las ganas reprimidas de preguntarle por qué ni uno solo de esos canales fantasmas le dedica mayor tiempo a la programación de especiales de Salsa.

Entonces todo empezó su secuencia lógica e ilógica, las cosas en la vida al mismo tiempo van y vienen, uno es el único que se come el cuento de que tienen un orden lineal cuando sin duda alguna y por evidencia, siempre suceden en contravía. Y suceden en contravía porque esa es la carrilera del destino, que no tiene una sino dos estaciones.

Quiero decir que por fin subimos a la habitación destinada para la música, cómo será eso de autentico que el amigo encargado de la grabación tranca la puerta con una caja de compactos. Recién me instalé destapé la botella de aguardiente que con tanto cuidado había sobrellevado en medio de los sobresaltos del bus, y también al pasar junto a la familia sin cabeza de niches, y al contar una a una las casas para finalmente llegar a la puerta indicada. Había subido de la cocina una jarra y un cuchillo reluciente para romper en dos los limones y obtener tragos largos.

Cómo cinco mil temas apresados por un virus en el computador, que apesar de todo empezó a hacer los esfuerzos indicados para soltar la carpeta musical en orden. ¡Cuidado, cuidado llegó la Salsa... ! Ese cuidado que hay que tener es de bastante cui, ya que llegando la Salsa se pueden ir al traste una y mil cosas en aras de hallar la esquiva felicidad.

La alcoba era un solo escenario de cajas e hileras y arrumes de música y más música, amplia, blanca, espaciosa, ocupada solo al final por el enorme equipo de sonido para montar la taberna aquella, pero es que el problema es que se acabó la plata con anterioridad, ahí quedan abajo las mesas fuertes de metal y las sillas plásticas, un local en esta ciudad vale mensual un ojo de la cara, y todo ello no representa sino una aventura temeraria al meterse de barriga en lo que ahora y por mala fortuna, es un zambumbe de tonadas y ritmos. Claro que el Romario de la parabólica como que tiene la clave del negocio : aprovechar la competencia desleal y el mal servicio. Incluso le podríamos dedicar mayor tiempo a la programación de especiales de Salsa. Mal cable.

Pero, bueno, ya veremos dijo el ciego, ahora lo que nos trae de los cabellos son los Cds de Salsa para los pelados de Cali, que es mucho decir, con plata o sin plata, con tiempo o sin tiempo, con todo o sin todo, así sea el mismo día de la mala noticia de mi perro loco. El si que sabía acabar con mi paciencia y salirse con la suya. Aunque talvez lo que pasaba es que su locura le impedía acatarme. Allá brilla insistente su mirada extraviada en medio de las nítidas estrellas de esta cálida ciudad.

Manos a la obra, manos al guaro, saquemos cuentas mientras tanto y verá que no cuadra, vamos con Oiga, Mire, Vea, que pase la barra azulosa también sobre Vitamina de Noro, démosle el orden lógico e ilógico de las cosas en contravía, así crecerán ellos mismos y en ello contribuirá la Salsa a sus vidas : a que aprendan a ir en el sentido opuesto al que se ha demarcado con tanta falsa línea y calculado cuidado. El Bobo de la Yuca de Daniel Santos, que no fue ningún bobo, y que al otro asunto le sacó buen partido. La vez pasada tiramos más de mil Cds, o los tiró este man que tiene la misma paciencia del mismo Job, a catorce equis el patriarca aquel le hubiera ganado trasquilando ovejas. ¡Cuantas veces trasquilé a mi perro !. Cuidado con el perro que muerde callao, no, ese no va, si mal no recuerdo habla de una niñita que hacia travesuras dentro de un baño.

Pero, bueno, boga que boga, habla que habla, atiende que atiende, el Cd master progresaba y el equipo retumbaba solo con dos puntos, quizá la mamá del amigo hacia mucho tiempo no escuchaba en esa casa tanta música en hilada, quien si los vecinos de caché deben ser medio rasperos, pero al final los muy cínicos mencionan al saludar : “¡Pero qué musicota !”.

En resumen todo estaba bien, hasta llegar el momento de Anacaona. India de raza cautiva, de la región primitiva. El de ese tema fue uno de los muchachones del Foro que una buena tarde y en medio del despelote de una convocatoria conjunta para el list, manifestó que cómo era posible que hubiésemos dejado desde el principio por fuera un tema con tanto sentido infantil y a la vez histórico. Qué man tan tenaz. Si los niños caleños y latinoamericanos supieran que hoy en día y después del desastre como de cinco siglos, lo único que nos queda es esta bandera musical para mantenernos unidos. Solo un canto, por demás alegre, ha logrado unir en realidad a todos estos pueblos. Diantre, ¿cómo pudimos haberlo dejado pasar por alto ?. ¡Anacaona !.

Y resulta entonces que llegado el feliz momento de incluirlo, comprobé a continuación que la vida es un acto existencial en contravía, el amigo fija su mirada en la mía, hace un gesto como de dolor increíble, y lento suelta las siguientes palabras, igual inverosímiles : “Como que no lo tengo...”.

Si alguien tiene como cien mil temas de Salsa en una casa lujosa de tres pisos en Cali y no tiene Anacaona de Cheo Feliciano en el momento, la única que queda es meterse un trago triple de aguarrás y mirar muy profundamente en silencio al camarada. Mientras mi alma apenada y confundida en esa tarde de lluvia, mis bolsillos ya cansados y vacíos, y el tiempo correlón de mi reloj que ya se agota para hacer la entrega de los Cds a los pelados de Cali, en coro quisieron gritar :

“¿Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeé ?”.

Pero, hermano, si llamamos ya mismo a uno solo de esos pelados entre cinco y ocho años le aseguro que hasta nos lo presta, y demás que luego nos pregunta malicioso : “¿Eso es lo que me van a regalar ?”. Niñito imprudente, dicen que fue a la cañona. Pero si en cualquier andén de Cali se lo enciman a uno por comprar tres de Diomedes Díaz, hasta en las droguerías suena mientras que uno compra un par de condones. ¿Cuántas veces lo hemos escuchado, cuantas veces lo hemos cantado y bailado, cuantas rascas nos hemos metido para que al final la noche diga lo que dice ese piano yéndose de a poco con lo que es más que una simple leyenda ?. Balance final, edición frustrada, hoy me acosa todo, es imposible programar una nueva cita en esta casa lujosa y medio móvil para volver lento desde el centro de Cali con Anacaona de Cheo Feliciano en las manos. ¡En la que me he metido !. Después de algunos minutos de silencio y de obtusa reflexión, a la mente confundida por el acaso y por el aguardiente con limón tahití, solo me llegó una lenta y como arrastrada palabra : ANACAGONA. Esa es en la que me he metido, esa es en la que estoy metido.

¿Qué hacemos ?. Fumarnos un cigarrillo proverbial en la ventana que se abre al profundo cielo caleño, de estrellas nítidas, recordar que hemos sido amigos por tantos años y que por este inconveniente no vamos a dañar la amistad, sacar las cuentas de nuevo para ver si algún día abrimos una berraca taberna y ponemos a sonar junta toda esta melodía.

¿Qué hacemos ?. No, pues nos pillamos en esta semanita que viene y seguimos con el cuento, o vos verás si llamamos al Mechas y vamos en un momentito por el, qué tal que no esté, cantémoslo y vos hacés de Cheo, y el piano que se va con lo que es más que un leyenda qué, guevón, el amigo se detiene de elucubrar por un momento, se mete la mano casi entre los sesos y finalmente suelta las palabras mágicas que comprueban que la vida humana sigue la misma leyes de una bajanda y una subienda, como la de los rosáceos salmones : “Yo como que lo tengo en vivo, tocado por La Fania...”.

Mientras, mi alma reconfortada y clara luego de esa tarde que me pareció hasta soleada, mis bolsillos que ya no se sintieron más cansados y vacíos, y el tiempo renovado de mi reloj que ya se recuperó para hacer la entrega de los Cds a los pelados de Cali, en coro quisieron gritar :

“¿Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeé ?”.

A buscar, panita. ¿A buscar en donde ?. Pues aquí mismo, en medio quizá de cien mil temas de Salsa, esta vez sin hablar ni una pizca de paja. Personalmente empecé por la caja de compactos de trancar la puerta. Botella de guaro moribunda, al final de la empecinada búsqueda apareció el Cd de La Fania con la introducción que en inglés da paso a los acordes en concierto de Anacaona, en la misma voz de Cheo Feliciano. Ahora si culicagao, volvenos a preguntar si eso es lo que te vamos regalar. De seguro que ni El Mechas lo tiene.

Hasta el viejo Hospital de Los Muñecos, llegó el pobre Pinocho mal herido, un cruel Espantapájaros Bandido, lo sorprendió dormido y lo atacó. Llegó con su nariz hecha pedazos, una pierna en tres partes astillada, y una lesión interna y delicada, que el Médico de Guardia no advirtió. Y a un Viejo Cirujano llamaron con urgencia, y con su vieja ciencia pronto lo remendó, pero dijo a los otros muñecos internados : “Todo esto será en vano, le falta el corazón”. El caso es que Pinocho estaba grave, y en sí de su desmayo no volvía, y el Viejo Cirujano no sabía, a quien pedir prestado un corazón. Entonces llegó el Hada Protectora y viendo que Pinocho se moría, le puso un corazón de fantasía, y Pinocho sonriendo despertó. Pinocho, Pinocho, volviste a la vida con el corazón.

Los acordes de flautas de José Fajardo y sus Estrellas nos avisaron que ya íbamos por la mitad y que de aguantar el frasco medio vacío, pasaríamos triunfantes, raudos y exitosos a la versión de El Manicero de Ricardo Ray. Para que los pelados de Cali se acuerden al salir del colegio que no pueden irse a la cama sin antes comerse un cucurucho de maní. Esa era en la que me había metido, y esa fue de la que salí.

En cambio, querido Wilde, a pesar que igual le coloqué un corazón de fantasía, mi perro a la vida no volvió. Bien comprendo tu máxima sobre los perros, pero no dijiste por qué. Agrego que son los únicos animales desgraciados del universo, al depender solo del hombre. Y posiblemente también los únicos que expresan alegría al verlo. Junto al de los padres, son el amor puro, ahí no hay hermano ni jeva que aguante. Por eso todos los niños deben tener un perro, para que puedan cotejar el resto del amor que queda en el universo. Pues la mirada de Dios es similar a la mirada de los perros. Y triste cuando no tiene amo.

Al final y exhaustos agarramos el platillo volador salsero del buche del drive aquel, el amigo me lo pasaba y después de tocarlo un poco se lo devolvía, el man hacia lo mismo, lo único que nos faltó fue llevárselo a la mamá y a los vecinos para que hicieran un ritual similar, en el list final del computador virusiento y atrancado con cerca de cinco mil temas quedó consignado un nombre bien acorde con toda la lógica e ilógica de la selección musical realizada : ANACAGONA. Así lo metí yo mismo.

¿Qué hacemos ?. Vamonos pal Hueco, vos tenés plata, no, yo tampoco, y entonces, acórdate que vos tenés crédito, ahhh, hagámosle pues, y el transporte, pues aquí tengo lo de devolverme al rancho, pisémonos con eso, pues si. Llegamos, pedimos, firmamos, bebimos, bailamos, por primera vez besé a aquella conocida de hace tanto tiempo en la boca, de regreso a la móvil casa lujosa la señora madre debió levantarse a pagarnos el taxi de regreso, y tambaleándonos, todo el vecindario medio raspero hubo de escuchar la nueva versión en incongruente dúo : “ANACAGONA...”.

A Mateo

Caligénesis

Oí, vé... , allí dice que dijo que la tierra tirara hierba verde, una verde hierba que diera semilla, y también árboles con frutos y su misma semilla. Y cuenta que así fue. Que en la mañana del tercer día vio que eso era bueno. Ahí fue cuando tuvo que haber aparecido La Caña de Azúcar, con todo su guarapo adentro.

Después dice que creó El Hombre a su imagen, que del polvo de la tierra lo formó, que le sopló en la nariz como un aliento de vida, y que llegó a tener vida. Y luego dice que hizo a La Mujer de la costilla que le había sacado al hombre, y que se la trajo al hombre.

Al pronto Eco de un Tambor, a mi manera de ver la que quedó organizada desde entonces fue La Rumba. Digo yo, mirá...


Creditos

  • Anacaona (Tite Curet Alonso / Cheo Feliciano)
  • Pinocho (José Fajardo y sus Estrellas)