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Cuentos en Salsa I

Hola Soledad

Publié le 1er janvier 2011, par : Carlos Fajardo G.

Ay mamá...

Y es que esta es ahora la situación dificultosa en la casa, la inusual o la excéntrica, antes era aquello sobre la nueva barriada, esta vez la gran encrucijada ha traído fuertes dolores de cabeza y las indefinidas discusiones de cada uno, de cada cual.

Claro, compañero, el siempre apresurado de mi papá es el primero en no entenderla, llenito de cifras y números como vive, buenos negocios, y que la pobre mamá es la que corre con el conflicto mayor que ha generado insólitamente el hermanito menor. Tiene ocho años recién desempacados y enloquece a todo volumen con la radio, ya no deja ni vajilla porque todo es para el son, y tírame de la camisa en el solar preguntándonos a los muchachos que allí hablamos con los pollos, quien fue Benny Moré, por qué Ismael de La Fania.

No existe para el chico la escuela, ni los programas de monitos en la televisión, no hay juguetes mecánicos, no, lo más grave de todo es que solo el cariño de mamá lo hace sentir confiado y seguro, ay mamá, y la bombardea a cada instante atándose a su cintura y preguntándole :

Mamá yo quiero saber de donde son los cantantes, pues los encuentro galantes y los quiero conocer, con sus trovas fascinantes que yo me quiero aprender. De donde serán, ay mamá, serán de La Habana, serán de Santiago, tierra soberana, son de la loma, cantan el llano... ; mamá ellos son de la loma, mamá ellos cantan el llano... "

La profesora del curso ha enviado las bajas notas de calificación en Historia Patria y recomienda consultar a un consejero profesional, y que no aguanta ni un minuto más el tamborileo ni la actuación sobre el pupitre.

Aquí el embrollo continúa y cada quien tiene algo que decir. Mi papá argumenta que cómo puede ser porque siempre ha querido lo mejor para sus hijos, que para eso se mata trabajando. Yo no puedo contestar más a todos los nombres de la Salsa que no sé. Solo mamá sonríe con ternura, mirando sus brillantes ojos negros cuando él empieza de nuevo : "Mamá yo quiero saber... ..."

Mack The Knife

Los hombres de edad madura compartían animados aquella mesa algo atiborrada de cervezas, aumentando el tono de las voces y de las risas que se fugaban inciertas por la sombría callejuela. Los cuentos iban y venían de boca de los improvisados narradores, apoyados en anécdotas e historias ya pasadas que volvían con la fuerza del recuerdo y de la memoria presente.

Cerca de la diez de la noche vieron venir al anciano esposo de Mama Inés, sacudiendo más de lo acostumbrado su paso lento y confuso, esta vez como con algo de ansia y premura por llegar hasta ellos.

Las voces bajaron lentas mientras que el viejo alcanzaba el último trecho, y entonces una mano amigable acercó el asiento vacío en el cual se instaló severamente el vecino.

El anciano pareció no lamentar la interrupción de la velada, y así elevó una mirada penetrante y envolvente sobre todos los compadres. Tomó algo de aire haciendo muy suyo aquel accidentado silencio, y manifestó :

- Como todos saben, ya han pasado un tiempo en el vecindario. El hombre es de negocios, la señora es ama de casa, y el chiquillo tiene problemas en la escuela porque se cree un cantante. Pero sobre el muchacho, es muy claro lo que hace. Sus amigos, – incluyendo a mi nieto Nicolai -, le dicen Mack “La Cuchilla”. Es verdad que puede que no sea peligroso. Puede que no sea un Panchón o El Negro aquel de la bocota, ¿cómo le dicen, eh ?. Pero con este hay que tener especial cuidado por nuestras hijas y por nuestras nietas, señores. Mack is Mack, good evening, chachachá ... - .

En vista que la silente escena se extendió después del comentario, el viejo tomó de nuevo la palabra como preparándose para hacer una exposición mayor, y entonces dijo :

- Vengo a hablarles, caballeros, de un tipito popular. Es un talla de primera, que no piensa en trabajar. Solo vive de figura, paseando por el solar, vacilando con los pollos, legislando sin parar. Mack es Mack, la buena tarde, el chachachá... - .

Los hombres de edad madura solo atinaron a pedirle al tendero una ronda más de cervezas, y se dispusieron atentos a seguir escuchando.

El Negro Bembón

El primer presagio que tuve sobre que la normalidad del barrio se había alterado totalmente, surgió en el momento que me crucé en el anden polvoriento con Juan “El Bobo”, cuando ya regresaba de las clases de la escuela nocturna. Iba más alelado que de costumbre, tarareando y repitiendo con palabras lentas que le saltaban de los labios : “Yemberembembé, yemberembembé, yemberembembé, pobre negrito bembón...”.

Al llegar por fin a casa, acabé de confirmar la corazonada sobre una tragedia cuando la Mama Inés me disparó la noticia con sus ojos brillantes y humedecidos, aun antes de saludarme y de permitir que me quitara la camisa por completo : “Nicolai, mataron al negro bembón. Mataron al negro bembón, hoy se llora noche y día, porque al Negrito Bembón todo el mundo lo quería...”.

Apenas lo pude creer. Recogí de inmediato la prenda del espaldar del asiento de madera, sabiendo de antemano a qué esquina del barrio dirigirme para acabar de entender lo sucedido.

Al aproximarme, el poste de la luz alumbraba tibiamente el lugar en el cual yacía el cadáver del hombre de tez morena. Había pocas personas curioseando, talvez por la gravedad del asunto, y quizá evitando verse envueltas en problemas. Aun así, el ambiente flotaba cargado de alarma. Y llegó la policía. La patrulla se distribuyó hábilmente por las callejuelas oscuras y por los pasajes que giraban en varias direcciones, convencidos de que actuando con rapidez podrían dar captura al agresor. Después de media hora, la redada tuvo éxito. Y arrestaron al matón.

El hombre venia sudando de manera copiosa, forcejeando aun con los oficiales y emitiendo una profunda rabia, como la de una fiera que es llevada hacia su jaula. Lo condujeron justo delante del muerto y allí lo mantuvieron.

Y a uno de los policías, que también era bembón, le tocó la mala suerte de hacer la investigación. Se situó entonces frente al hombre esposado, que ya había empezado a dejar de resistirse. ¿Y saben la pregunta que le hizo al matón ? : “Por qué lo mató, dé usted la razón. . .”. El detenido lo miró con destellos de fuego en los ojos, y con mucho del desprecio de su acalorada ira. Pareció meditar por un segundo de manera desafiante, antes de abrir su boca. ¿Y saben la respuesta que le dio el matón ? : “ !Yo lo maté por ser tan bembón ... !”.

La sorpresa ante la respuesta fue enorme para todos los agentes del orden, que atónitos se quedaron observando al policía bembón que lo había interrogado. Visiblemente nervioso, el guardia escondió la bemba y le dijo : “Eso no es razón. Eso no es razón, ay vé, para matar al negrito...”.

Los pocos curiosos que contemplábamos la escena no podíamos comprender lo que estaba aconteciendo en aquel sitio. Por la mente me cruzaron varias ideas. Pensé que la noche crecería en lamentos dentro de las diferentes casas y que al negrito bembón lo llorarían hasta bien entrado el nuevo día. De verdad, todo el mundo lo quería. Solía ser generoso con los vecinos después de sus incontables fechorías, pero igual, resultaba desleal con sus compinches. Quizás por eso se había enfrentado con Panchón, que aun seguía allí atrapado en medio de los uniformados.

De un momento a otro apareció en aquella esquina acalorada y asfixiante Juan “El Bobo”, quien se veía muy apenado y confundido. Empezó a dirigirse a las personas presentes señalándolas con el dedo, y advirtiéndole incluso a los policías : “Huye que huye, guantón. Mira que por allá viene Panchón. Yo te juro por Dios que viene tumbando bemba, ya se la tumbó al negrito bembón. Bembón, para matar al bembón. Eso no es razón, huye que huye guantón. Sacude...”. A una sola señal, el tonto fue retirado del lugar por un miembro de la patrulla. Entonces se marchó transitando por las sombras, tarareando y repitiendo con palabras lentas que le saltaban de los labios : “Yemberembembé, yemberembembé, yemberembembé, pobre negrito bembón... ”.

Aguanta la bronca

No, no se sabe mucho sobre él, quizá viene de otra barriada, eso dicen por ahí, hasta mi hija Dolores piensa que de muy lejos, de allá donde están encaramadas las casas sobre la loma. Un buen día apareció por aquí tal como lo ve, desde entonces va y viene entre todas estas cuadras, los vecinos le damos siempre alguna cosa, yo misma le doy lo que puedo porque él no se mete con nadie, solo va y viene, y habla mucho cuando quiere. No, no, tampoco es de problemas, nunca lo hemos visto haciendo nada raro ni malo, come y duerme donde puede o donde lo dejan, como será que ya ni siquiera los niños lo molestan, y cuando lo molestan los mira de lao y con esa sonrisita donde le saltan esos dientes grandes. Nadie sabe mucho de sus familiares, una sola vez escuché algo en la tienda un domingo en que los vecinos tomaban cerveza por la noche, yo no sé si es cierto pero ellos hablaban y decían algo sobre ese asunto, uno que estaba muy borracho contaba algo así como esto :

En una timba rigurosa en San Nicolás, se formó. En una timba rigurosa de San Nicolás, se formó. Cuando estaba bueno el mambo, se oyó una voz que gritó : !Oh, mi comadre, aguanta la bronca, compadre ... !. Creyendo que era otra cosa, nacida del aguardiente, el compadre contestó : Juan El Bobo, nació con dientes. . , ¡qué barbaridad ... !. Juan el Bobo nació con dientes porque su padre tomaba aguardiente... Songo sale sacramento, a no ser por la comadre. Aguántese, mi compadre, no se dé gracia con la comadre...

Si, si, creo que siempre seguirá andando por allí. Igual yendo y viniendo, mirando todo el tiempo cada una de estas calles y como repasándolas todo el día. No sé de cuál bronca hablaban los vecinos. No escuché nada más. Solo sé que al final el vecino que hablaba muy borracho únicamente repetía : “Aguanta la bronca. Se formó la bronca. Aguántala mi compadre...”.

Dolores

El hombre de bajo tamaño, - agobiado por la calentura del sol del ya casi pasado mediodía -, dá inicio a la sesión con evidente gesto de preocupación. Los acontecimientos suceden en el salón del barrio popular donde se administra ley. De tal manera reza afuera en aquel letrero deslucido en el cual se lee algo así como “Casa Comunal de Justicia”.

- Ciñéndome a los hechos de investigación y tal como obra en el expediente..., señores, voy a contarles lo que le pasó a Dolores ; su madre le dio una pela por causa de los amores ; porque una pachanga se fue a bailar con el sobrino de Nicolai...

El teclado suena intenso haciendo un puntual recorrido hacia las paredes ; entonces pregunta la Secretaria, asomándose sobre los lentes :

- ¿Coloco solo pachanga... ? -

- Charanga, twist con pachanga, charanga, twist con pachanga... - le repite con sobrada paciencia el hombrecito.

El tribuno continúa su narración sobre los sucesos, luego de haberse tomado una breve pausa y de ventilarse un tanto con el improvisado cuadernillo :

- Después que cogió la pela, la nena fue de su casa ; dijo que aunque la mataran, seguía bailando pachanga ; y otra pachanga se fue a bailar, con el mulato Yemei Manguay...

La Secretaria interrumpe de nuevo :

- ¿Por favor, me repite la ultima parte... ? -

- Y otra pachanga se fue a bailar, con el mulato Yemei Manguay... - reitera de nuevo y molesto el hombrecito, vocalizando muy despacio y alto.

- De lo cual se concluye : a Adolay, La Pachanguera, su mamá le dio una pela, por estar bailando pachanga... terminó en la carretera. Por tanto, se cita por la desaparición de la jovencita a la madre de Dolores, y a los sospechosos, el sobrino de Nicolai y Yemei Manguay. Charanga, twist con pachanga... -

Ni pito ni flauta

Una buena noche de estas no lo encontraré más, se habrá marchado dejando simplemente una nota sobre el nochero. Cuando llegue de recorrer cada una de estas calles oscuras, como ahora, él ya no estará. En este momento hace algo de frío. Pero la noche en que se vaya, será peor. No acabo de entender, mientras camino, si en verdad me quiere tanto como yo a él. Además, continúa metido en sus negocios, de los cuales nunca quiere hablar. Ni siquiera cuando le acompaño al bar en donde no para de beber y de donde nunca quiere regresar. Y bueno, el mayor problema es La Dolores. Sé que juntos bailan pachanga, y que ella ya no ve más al sobrino de Nicolai. Una de estas noches que regrese a casa de transitar cada una de estas calles oscuras y solitarias, no lo encontraré más. Tendré mucho frío. Habrá tomado su maleta y se habrá colocado en camino de la carretera, talvez para encontrarse con ella. Sobre el nochero descansará una nota bajo la lámpara encendida. La nota dirá :

Dudas sobre mi persona hoy,
mañana dudarás también,
no estoy para eso de que - ni pito ni flauta -,
si así por cierto me encuentro bien.
Voy sin compromiso a la fiesta, a la rumba,
y así está mejor,
así es que aparentan el cómo se vive la vida mejor,
así es que aparenta el que vive como yo.
Eh, no le importa donde vengo,
o cómo me mantengo,
porque nada me molesta
para mi todo es igual.
Ahora me voy para la rumba
no me diga que no voy,
si me tiro por aquí, me tiro por allá, ya verán,
si me levanto temprano, me van a criticar,
pero de pronto doy la espalda
de mi tienen que hablar.
A mi no me importa que hablen mal de mi,
digan lo que digan, digan lo que digan, digan lo que digan, yo vivo feliz,
como el jibarito contento caminando así ... ...

Al final, como desteñida por la tenue luz, aparecerá su firma : Yemei Manguay.

Hola soledad

Esa noche, - aposentado el tiempo presente -, el hombre tomó asiento en la bohemia y tambaleante mesa, habiendo justo frente a él una silla en la cual aparentemente se sentaría alguien. Había ron y tabaco. Observó el puesto desierto con la leve sensación de presentir o imaginar tal compañía.

Entonces tomó el vaso y vertió allí parte de la botella de licor. Lo llevó a sus labios y consumió el líquido con alguna pausa. Su mirada quedó lejana y detenida en el desocupado espacio. Esperó y volvió a esperar. Se sirvió de nuevo y bebió. La silla enfrente continuó vacía.

El largo paso de los minutos se hacia acompasado por la frecuente oleada de sonidos, música que parecía viajar desde muy lejos, invadiendo intensa el alma del hombre. Nunca llegó nadie. Fue así como el hombre decidió entablar su propio monologo, empezando con estas palabras :

Hola, soledad. No me extraña tu presencia. Yo soy un pájaro herido que llora sobre su nido porque no puede volar. Y por eso hablo contigo. Soledad, yo soy tu amigo, ven que vamos a charlar...

Después de la intensa conversación propia, y dando por finalizado el momento, el hombre se incorporó pesadamente de la mesa y se marchó a paso lento. Se fue musitando muy bajo el nombre de la mujer de sus sueños.

Otra noche, - después del paso de cuarenta años -, la mujer tomó asiento en la limpia y servida mesa, habiendo justo frente a ella una silla en la cual aparentemente se sentaría alguien. Había carne y fruta. Observó el puesto desierto con la leve sensación de presentir o imaginar tal compañía.

Entonces tomó el vaso y vertió allí parte de la jarra de agua. Lo llevó a sus labios y consumió el líquido con alguna pausa. Su mirada quedó lejana y detenida en el desocupado espacio. Esperó y volvió a esperar. Se sirvió de nuevo y bebió. La silla enfrente continuó vacía.

El largo paso de los minutos se hacia acompasado por la frecuente oleada de silencio, mutismo que parecía viajar desde muy lejos, invadiendo intenso el alma de la mujer. Nunca llegó nadie. Fue así como la mujer decidió entablar su propio monologo, empezando con estas palabras :

Hola, soledad. No me extraña tu presencia. Esta noche te esperaba. Aunque no me digas nada, es tan grande mi tristeza, ya conoces mi dolor...

Después de la intensa conversación propia, y dando por finalizado el momento, la mujer se incorporó pesadamente de la mesa y se marchó a paso lento. Se fue musitando muy bajo el nombre del hombre de sus sueños.


Creditos :

  • Son de La Loma (Miguel Matamoros / Trío Matamoros)
  • Mack The Knife - Eddie Palmieri
  • El Negro Bembón (Bobby Capó / Cortijo y Su Combo & Ismael Rivera)
  • Aguanta la Bronca (Los Jimaguas)
  • Dolores (Mon Rivera)
  • Ni Pito ni Flauta (Ernie Agosto y La Conspiración)
  • Hola Soledad (Palito Ortega /Rolando Laserie)